Tratamos de tener el control porque queremos garantizar los resultados que necesitamos, que nosotros pensamos que son necesarios. (Es el egoísmo) Queremos crear el cielo aquí en la tierra según nuestros propios deseos. Desafortunadamente, eso crea el infierno para los demás, incluyendo el matrimonio.

¿Quién Tiene el Control?

Para muchos matrimonios, el gran problema es como el control remoto para el televisor.

Con esta cosa puedo ver lo que yo quiero. Con esta cosa puedo ver lo que yo quiero, cuando yo quiero y por todo el tiempo que yo quiero. Obviamente, los beneficios de tener el control son muy atractivos.

Pensamos que tener el control en las relaciones, (no solo en los matrimonios, pero en todo) puede darnos la vida que queremos. Tratamos de tener el control porque queremos garantizar los resultados que necesitamos, que nosotros pensamos que son necesarios. (Es el egoísmo) Queremos crear el cielo aquí en la tierra según nuestros propios deseos. Desafortunadamente, eso crea el infierno para los demás, incluyendo el matrimonio.

La necesidad de control destruye familias, matrimonios y todas las relaciones interpersonales, incluyendo las naciones.

 Ahora vamos a ver el antídoto.

  1. Sumisión

La gran respuesta, y la respuesta al gran misterio se encuentra en Efesios 5:21. Efesios 5:22 aconseja a las esposas que se sometan a sus maridos, pero el versículo anterior declara que los esposos y las esposas deben de someterse mutuamente. El gran discurso sobre el matrimonio por Pablo es introducido por este frase: “Sométanse unos a otros.”

Entonces el gran misterio es la sumisión.

La sumisión mutua quiere decir que hay momentos en que cada persona cede o le da el derecho a las ideas o deseos del cónyuge. El buen matrimonio es aquel donde se reconocen las aptitudes individuales de cada uno. Cada persona funciona con la buena disposición o voluntad de adaptarse cuando ocurre un conflicto de interés. Esto es la ausencia del egoísmo.

Obviamente, la sumisión mutua funciona bien sólo cuando ambos miembros de la pareja consideran al otro como un igual. Sus deseos, sus opiniones, sus necesidades, sueños tienen el mismo valor del otro. El ejemplo supremo de sumisión mutua ocurre entre Dios el Padre y Jesús.  Filipenses 2 dice que Jesús fue igual a Dios, pero era perfectamente sumiso a la voluntad de su Padre. Las parejas debieran de aspirar a este tipo de sumisión mutua.

Mi esposa y yo tenemos bastantes diferencias. Vengo de un país donde todo es desechable hasta los celulares. Mi esposa guarda cada pedazo de tela. A mí me gusta todo dulce y a ella lo que es de sal. En mi jardín me gusta todas las plantas grandes y ella prefiera plantas chiquitas. En las noches ella tiene frio y yo tengo calor. ¿Cómo es que personas con gustos tan opuestos son capaces de vivir en armonía? Sin sumisión mutua estas diferencias puedan causar problemas. Yo me someto a sus preferencias voluntariamente, y ella se somete a las mias. En el matrimonio, ninguna de las dos personas compite por la posición dominante.

Yo he sometido mi paladar a sus gustos, por ejemplo el ceviche, papas con cuero, humitas. Y ella ha hecho el mismo, por ejemplo con las galletas de choco chips. Ahora ella las  hace  más que yo. También he aprendido de apreciar las plantas chiquitas y ella a las plantas gigantes como el bamboo.

  • Lo que la sumisión no es

Vamos a ver brevemente lo que no es la sumisión.

Para muchas personas la sumisión contiene implicaciones emocionales como humillarse, perder la identidad propia, servidumbre, obediencia ciega y pasividad. Pero en el matrimonio no significa eso. Bíblicamente, la sumisión es la buena voluntad por parte de uno de adaptar los derechos propios a los de la otra persona. Para mi también es ser dispuesto o abierto de vivir dentro del mundo de su cónyuge. Apreciar su mundo y gustos. Tener empatía y entendimiento de lo que es importante para la otra persona.

La sumisión no es los extremos de quedarse callada, la dependencia inútil, el servilismo y la obediencia ciega. La sumisión es mantener mi identidad y reconocer y apreciar mi valor y el valor de la otra. La persona que no reconoce el valor de la otra persona se ha convertido en un controlador.

  1. Controladores

Los investigadores han estudiado por qué una pareja deja de estar enamorada. Un factor significativo se enfoca en lo que los estudiosos llaman “reciprocidad y control.” Reciprocidad se define como la convicción de que cada cónyuge es un socio con iguales derechos en la sociedad matrimonial. Cada vez que uno de los miembros de la pareja trata de controlar o dominar a la otra persona, o ignora la opinión, los deseos, las actividades y el estilo de vida de la otra persona, o trata de forzar al cónyuge a hacer algo en contra de su voluntad, esa persona está mostrando falta de . . reciprocidad. Tal vez no son físicamente abusivos, pero son emocionalmente abusivos.

Ejemplos típicos de conductas controladores incluyen hacer decisiones sin consultar a la otra persona, dictar cómo se debe vestir el cónyuge, dónde debe vivir la pareja, cómo se tiene que usar el dinero, etc. Todo es hacerlo por sin consultar.  “Yo gané el dinero puedo gastar lo como quiero.” El denominador común de todas estas acciones es la falta de consideración de los deseos, las opiniones y los sentimientos de la otra persona.

Las personas controladores viven bajo un temor continuo de perder su posición de poder y autoridad. Para ellos hay solo una manera correcta de hacer todas las cosas: su manera. Ellos saben lo que es mejor para todo el mundo. Temen abrirse y ser vulnerables.

Ellos tienen falta de consideración por la otra persona y no pueden ver el mundo desde otro punto de vista. Eso se llama la empatía.

La empatía implica involucrarse en el mundo de la otra persona y ser capaz de mirar las cosas desde ese punto de vista sin hacer juicios. Es como caminar en los zapatos de la otra persona. Es sentir como el otro se siente. El mejor ejemplo es de Jesús. Jesús caminó con los más vulnerables, tenia compasión.

La falta de empatía y sumisión sugiere un mensaje fuerte: “Tú no importas. Tú no tienes significado y no vales la pena.”

  1. Conclusión

Tal vez por todo esto, el Apóstol Pablo escribió en Filipenses 2:2,3, “No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás.”

El pasaje no dicen que las otras personas son superiores o que tienen más valor, sino que debemos considerar que sus intereses y deseos son superiores.

Ese es el gran misterio del matrimonio resuelto. Como los cónyuges pueden mostrar un amor que somete sus propios deseos y necesidades al otra persona, como Cristo hizo por nosotros. Porque fue obediente a la voluntad de Dios.

Entonces, ¿quién tiene el control en su matrimonio, tú, tu esposa, o Dios

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